Mira, Chinchón mola mucho. Es como si alguien hubiera metido el pueblo en formol hace décadas y hubiera dicho “quietos todos aquí”. Calles viejunas, plazas con soportales y … muchos restaurantes, ya que la peregrinación de turistas es constante. La plaza redonda es una absoluta fantasía castiza, hay buenos sitios de papeo con terraza o incluso en la balconada típica que te hace sentir un terrateniente del siglo XVII esperando el primer toro de la tarde.
Pero el asunto está en la entrada… o salida, según desde dónde vengas , hay un sitio con grandes comedores que parecen diseñados para albergar bodas o bautizos y una amplísima terraza.
Menú de fin de semana: 20 pavos más bebida. Precio ya casi arqueológico. Como pillar un alquiler en el centro de Madrid por 1000€ clavaos.
Yo me lancé de cabeza a la pata de cordero, que llevaba suplemento de 9,50€. Dinero mejor invertido que muchos NFTs y prácticamente cualquier curso de criptobros. Tierna, jugosa y con sabor a siesta de la gorda.
Todo tenía ese toque de antes que mola: Mantel de papel, presentación sin gaitas ni gotitas de reducción haciendo parkour por la vajilla que, era normal no con formas raras …y cantidades… benditas cantidades si, no te vas a quedar con hambre, olvida un kebab luego para rematar.
Estos sitios están desapareciendo poco a poco, aplastados por una estampida de baos, tartares y croquetas de kimchi con boniato. Hay que proteger estas casas de comidas como si fueran linces ibéricos con barra de bar.
¡Larga vida al puchero!