Hay un Yuso II, como hubo un “yo hice a Roque III”, pero la Matriarca nonagenaria nos convidó en el de Ciutat vella, en plena Plaza del Carmen, un sitio céntrico pero fuera del bullicio de la turistada.
La mujer ,una vez al año, revienta gustosamente la hucha para invitar a comer a familia y allegados. Yo, agradecido de darle al palique y papear sin tener que preocuparme de la dolorosa final. Ir donde me digan, sin pensar, modo avión, como diría Carmen de Mairena… que gusto… que maravilla
Tienen un menú por 21.90€ + bebida pero fuimos a tema cerrado con el menú de grupos por 35€ que el Cónclave se encargó de negociar previamente. Entra todo lo que se quiera durante el servicio de birra, agua, refrescos, sangría y vino… vamos, que freímos al servicio a peticiones y, al menos nuestra mesa, aprovechó el tema y compensó a la sección infantil.
Hacía calor pero en esas mesas de terraza bajo las sombrillas se estaba la mar de bien. Cabe decir que el estar pidiendo birra y sangría como futuros usuarios del IVATAD ayudaba bastante.
Los entrantes bastante bien, me gustó el ESGARRAET y las CLÓCHINAS especialmente. BRAVAS Y ENSALADA más normalitas pero cumplieron.
Pidieron PAELLA VALENCIANA, que para mi fue la triunfadora sacando el dedo por la ventanilla a las otras. La FIDEUA me resultó algo sosilla y el ARROZ DEL SENYORET que estaba poco hecho de un lado, se les había inclinado en la cocción (+ poco caldo y/o fuego fuerte) quedando mucho sabor en un parte y arroz poco hecho algo insulso en la otra. En algún grano se veía perfectamente el colorante tal cual. Fail.
Dentro es una ratonera de mini salones y todos dándole duro a las pellas, no se cuantas sacarán en un servicio, pero pocas no serán.
Los postres eran una rica sinfonía para compartir, de meter las cucharas en el mismo frasco carrasco. Como se nota, gracias al Fary, ya hemos olvidado el covid.